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Las palabras pueden ser leídas por todos, así es el conocimiento. Todos pueden adquirirlo.
La intuición, en cambio, es innata e intransferible.
Si los ojos ven a través de los ojos, no habrá engaño posible y la maldad será demasiado evidente.
El ciego no verá el engaño, lo negará y será engañado una y otra vez. Lo negará. El ciego sólo ve una serie de sucesos inconexos que repercuten en su vida de forma inconveniente, y no disponiendo de las herramientas necesarias para comprenderlo, será víctima de forma crónica. Su propio verdugo.
Ciegos y mentirosos serán arrojados al fuego para alimentar a los que, sabios, permanecen intactos, siendo la intuición su mayor virtud.



