
*******
Hay un camino que lleva al Holocausto y es tranquilo. A los pies, cenizas, y a través del bosque, cuando ya no queden árboles, sólo esqueletos, la desolación.
Desierto donde nada nace y nada muere, porque el desierto no es hogar de nadie.
Algunos gritaron y otros gritan hoy al imaginarlo, pero en el desierto, no hay gritos.
Sólo silencio, maravilloso y limpio.
Si la naturaleza de un hombre pudiera cambiarse y hubiera un lugar donde hacerlo, sería sin duda éste.
Pero no es posible, porque aquí nada nace y nada muere.
Todo permanece, mecido por el viento.
Congelado en el tiempo, todo continúa.
No hay criatura autóctona entre montañas de cadáveres. No puede haberla porque no es posible.
De haberla, sería una aberración y su existencia, una tragedia.
Una catástrofe sin precedentes de la que nadie podría salir ileso.
No pasa nada. El cielo en blanco y negro y tréboles en todas partes, menos aquí.
El camino es tranquilo. Los pies serenos y entre cenizas, esqueletos.





