11.15.2008

El Hermano Menor y Julián conversan.
Sobre la dura piedra.
En la oscura noche.
La luna llena ilumina.
El Hermano Menor no quiere juzgarle.
Julián quiere ser juzgado y dice:

Sé quién soy, y lo que hago. Y en la búsqueda de contacto humano, me entrometo y revelo más de mi condición de lo que me parece correcto.

Ambos escuchan risitas y buscan su procedencia. ¿Quién ríe?
Quién si no.
Espinas y dientes afilados.
Sin ojos, sólo dos esferas de carbón.
No es una risa agradable.
No es alguien alegre.
Nadie está contento.
Y es entonces cuando habla el agujero sonriente.

Algunas veces me pregunto, ¿qué pasaría si todo lo que guardo dentro saliera un día a la luz?
Pero nunca lo sabré, y seguiré viviendo mi vida oculto. Mi supervivencia depende de ello.

Julián no sabe quién habla y el temor aparece.
Inquieto.

¿Dónde está el Hermano Menor?

Y es entonces cuando habla el agujero sonriente.

¿A quién buscas? No hay nadie aquí. Y sin embargo, oigo dientes castañatear. Todo tiembla a mi alrededor excepto la tierra bajo mis pies. Y con cada nueva palabra, setenta kilogramos de carne se estremecen en alguna parte, ante mí. Carne pálida. Poca fibra. Poco músculo. Carne inútil. Carne que se pudre entre mis brazos. Entre mis enormes brazos.

Julian se arrodilla y de sus ojos brotan gotas de agua salada.
Su voz se quiebra.

Preferiría no morir. No ahora, por favor.
Preferiría...

El Hermano Mayor es impaciente.
Con el Hermano Mayor no sirven súplicas.
Con el Hermano Mayor no sirven ruegos.
El Hermano Mayor no puede entender.
Y no entiende.
Pero actúa.




Y la luna llena se apaga.

11.13.2008

Sabiduría ancestral (I)

En la corteza del viejo árbol próspero.
Entre las barbas y los grandes brazos.
Los canguros nunca tienen prisa.






El Hermano Mayor dirá, y todos escucharán.
El Hermano Mayor protegerá, y no tolerará abuso alguno hacia los suyos.
Será fiero y su fiereza dañará a los suyos cuando haya traición. Y esto preocupará a todos, porque es fácil traicionar al Hermano Mayor.
Sólo siendo conocedor de sus límites, el Hermano Mayor acatará la Sagrada Tregua de la Década Segunda.

El Hermano Menor callará, y cuando hable, será amable, cauto y precavido.
El Hermano Menor observará y cuando dude o tema, acudirá al Hermano Mayor.
El Hermano Menor acariciará con palabras orejas vanas.
El Hermano Menor como una ciénaga que todos bordean sin mirarla, será bien tratado siempre que sea desde la distancia. Bajo el pecho del Hermano Menor no podrá oírse latido alguno.
La sutileza del Hermano Menor será útil, mas no le hará feliz ni tampoco hará felices a otros.
Su condición enfurecerá al Hermano Menor y será entonces cuando el Árbol hable.

Tres cabezas.
Tres cráneos horadados y quemados.
Tres piezas inseparables que formando un todo no dicen nada, y de las cuales poco zumo puede extraerse.

La primera de las noches

Durante la noche, el Hermano Mayor habla.

Soy como un tambor. Puedes tocarme y hacer que suene, pero no encontrarás nada bajo mi piel.

Durante la noche, el Hermano Menor habla.

Júzgame por mis actos o te equivocarás.
Si me juzgas por lo que crees saber sobre mí, te equivocarás.
Si de mi pecho nace el enorme pájaro de fuego, llenaré el hueco de orgullo.
Hasta hoy nada ha surgido de entre estas cenizas, excepto orgullo.
Ningún pájaro de fuego.

El Buque de los Necios