11.16.2008


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Aquellos que no sabría nombrar, que viven entre las grietas de la tierra seca, ocultos en el fango o bajo cada piedra, no forman un conjunto armonioso.

Las casitas han sido construidas bajo raíces o en las cuencas oculares vacías de algún cadáver en descomposición.
Son cobijados por el nogal y el abedul, el sauce y el álamo, el pino y el ciprés, el roble y el haya.
Han aprendido como pocos que musgos y líquenes son comestibles.
Han aprendido como pocos que el peligro radica en dar por líquen lo que no es más que un hongo tóxico.

El conjunto que forman es heterogéneo.
En la cadena alimenticia tiene su lugar el ratón, así como la lechuza.
Prolifera la lechuza, entonces desaparece el ratón, y decae la lechuza.
El equilibrio se mantiene. Todo funciona a la perfección por sí sólo.

La luz es muy importante, porque afecta a ese conjunto heterogéneo.
Y aquellos que no sabría nombrar se diferencian entre sí cuanta más luz desprenden.
La luz enquistada no se marcha y el individuo la irradia.
Aquellos que no vieron la luz o que eran incapaces de sentirla, viven en la zona más oscura.
Desprenden oscuridad, pero ocasionalmente sus dientes brillan.

Un gran depredador caza a otro gran depredador en el bosque hoy.
El gran depredador caníbal se mueve por todo el bosque, de la luz a la oscuridad. Nadie lo nota.
El gran depredador caníbal se camufla entre aquellos pequeños de quienes no sabría nombrar.
Un curioso apetito lo mueve.


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El Buque de los Necios