3.03.2009

La Última Marcha

Atardece y las raíces surgen de la tierra. Los hermanos acompañan y marchamos. No hay más equipaje que pieles y huesos, algún arma, alguna herramienta. La sabiduría es ligera y nos libra del peso de la estupidez.

Con el corazón en un puño, marchamos.
Con el sabor de la sangre en la boca, marchamos.
Carbón vegetal y miel mezclados y dispuestos en las heridas trazadas verticalmente sobre nuestra espalda, y marchamos.
Con la certeza de que todo lo sabemos perfectamente, marchamos.

Es así. Nosotros lo sabemos. Y marchamos. Somos ka'aygua y marchamos.

Nunca más se nos verá por estas tierras, porque es hora de marcharnos.
Y si volvemos, habrá devorado el jaguar la luna y el sol, y todo tocará a su fin.
Si volvemos, significará nuestra derrota y lloraremos.
No queremos llorar.

Es así que nos vamos, quizá Krei pueda con nosotros, tal vez la Gran Serpiente. No hay alternativa.

Aquí y ahora hastío y pesadumbre muerden con veneno.
Aquí y ahora mata la enfermedad.
Aquí ahora, el buen recuerdo.

En la espesura, una vez más. Invisibles.
Pieles pálidas en lo más profundo de la selva.
Sobre la piedra que rueda en el barranco.
Sobre la flecha partida.
En un día de hambre.

Marchamos.

Y será importante el aviso, si nos buscan. De lo contrario la muerte atravesará gargantas y estómagos.

Somos silenciosos. Somos implacables. Somos seguros. Somos fuertes. Somos grandes cazadores. Nosotros lo sabemos. Hacia Ywy mara ey caminamos.

O pa. Ure kwaty. Kaari rö ure etoa.
Baipu koro.

2.27.2009

Ocaso I


Amanece y el Hermano Menor habla.

Resulta inconveniente la situación en la que me encuentro. Un trauma no tener raíces. Es peor sin embargo, la situación actual. Mis raíces, las pocas que he podido clavar en la tierra, están siendo violentadas, y caigo en la cuenta de que las eché sin cuidado ni paciencia. Los gusanos me devoran y no es posible el retroceso. ¿Qué hacer?

El Hermano Mayor actuando como demonio, el Árbol mirando hacia otro lado y mi futuro brillando por su ausencia, todo lo que soy al punto del exterminio.

¡Tálame de una vez, maldito leñador! ¡Suelta ya tu hacha! ¡Déjame contemplar el brillo metálico y que sea lo último que vea! ¡Atrévete con un tronco enfermo, tú leñador cobarde, ataca a éste tronco moribundo que ni alzarse en pie puede para vengar la masacre que a cabo llevaste contra los suyos!

El ocaso, una vez más, como la lente a través de la que observar el mundo. Naufragio tras naufragio es más natural en mí que echar anclas y que no se hunda el barco. Madera llena de agujeros, ¿será que atraigo a los carpinteros? ¡Pájaros ruidosos, fuera de mi vista! ¡Alejáos! ¿Larvas, quizá? ¡Bichos repugnantes, dad la cara!

Del papel de idiota estoy ya harto, Hermano Mayor. Tu fuego nos quema a todos, y de nuevo, no queda otra opción que desterrarte, pero en la decadencia, no hay fuerzas. Eres libre para morir a mi lado, junto al Árbol. Eres libre de desaparecer junto a nosotros.

Lárgate o quédate, ya da igual. No hay opción.


*****
La cabeza del animal aparece y el sol se pone.
Debiera temblar el pulso pero no sucede, y el cuchillo se clava, sobre cuero y hueso por igual, porque es humano, aunque siempre pudiere ser mejor humano. La carne es suave, debajo de la gruesa capa exterior.
El animal protege sus órganos.
Una carretera sin salida, pero tan larga. Horas y horas en un camino que no lleva a ninguna parte, sería muy sensato abandonarlo, pero también imposible. Los niños que no vendrán lloran en el asiento trasero, no quieren ser decepcionados, y mucho menos abandonados. Los dientes que sonreían en el retrovisor no están dispuestos a desaparecer. Los gestos dulces, la canción alegre, las manos entrelazadas, no caben en el maletero. No son prescindibles, aún así, y antes sufrimiento por conservarlos que sufrimiento por desecharlos.
El animal conduce su máquina de muerte y en ella muere.
Elucubraciones sobre un futuro siniestro que conducen a un futuro peor, no habría inconveniente en estar equivocado. Tener razón, sin embargo, gracias a méritos propios es, en cambio, más desagradable. Un accidente no hubiera, en cualquier caso, llevado a peor puerto. El momento de echar la vista atrás y rebobinar, pero no es posible. La noche cerrada, las estrellas que no guían a ninguna parte y una luna que no quiere tener cerca al animal. Es tarde, muy tarde, y el animal y la luna se dan calor mutuamente, desde la lejanía.
El animal se difumina bajo el sol que llega.

2.01.2009

La quinta de las noches.



Se hace tarde y el Hermano Mayor habla.

Puedo describir al detalle escenas de una vida que no he vivido con sólo imaginarlas, y aún así, preferiría equivocarme. Sería perfecta la simbiosis entre un poeta y un soldado, un guerrero y un mago, un superviviente y un romántico, un asceta y un amante, pero no hay tiempo.

La razón es demasiado orgullosa para permitir errores, los sentidos están abiertos, las pupilas están cerradas, hago acopio de provisiones para cuando llegue el día del Juicio Final, cuando suenen las trompetas, tras el tercer invierno.

Cae agua del cielo y limpia las impurezas que tratando de gobernarme, pretenden engañarme cual cantos de sirena, sonándome a promesas de liberación, significando poco más que conflicto y sufrimiento.

Puedo describir al detalle los sueños que en todas partes, vivencian aquellos que aparecen en mis sueños, y preferiría equivocarme. No he nacido para sucumbir ante lo efímero, mis fundamentos son más bien megalitos inamovibles y sagrados, puestos en su lugar por fuerzas voluntarias empapadas de fervor religioso.

Un bloque de piedra, apto para ser tallado o esculpido, pero aún así un bloque de piedra.

¿Cómo interpretar la mamífera fascinación por las brillantes escamas de reptil o la versátil y a veces mortífera piel anfibia? ¿Estoy condenado a seguir siempre a la sombra, como una estrella enterrada en el núcleo del planeta? ¿Es la tierra que hay encima la que aplasta mi esencia o es mi esencia la que me mueve a excavar un agujero con el único fin de marcar distancia entre mi cuerpo y todas esas contradicciones insalvables que lo acechan durante mi vida cotidiana?

Un abrigo grueso sobre afiladas espinas que acabará cediendo tarde o temprano es mi único refugio.

Se me antoja indefensión no poder usar ninguna de las armas en cuyo manejo soy diestro.
Se me antoja indefensión un juego con cuyas reglas jamás me he familiarizado y las cuales he violado antes siquiera de pararme a conocerlas.
Se me antoja indefensión nacer tan lejos del fresno donde mi vida dió comienzo.




*****

Será la precaución del gato montés la que evite que su curiosidad le haga resbalar al interior de un nuevo abismo cuando se halle contemplándolo. Su curiosidad podría causar estragos.

Será el atractivo de la novedad el que obligue al gato montés a mirar de cerca la trampa y el peligro, pero será su fuerza de voluntad la que lo aleje de la perdición.

Si el gato montés se arriesga, el gato montés se arrepiente, demasiadas caídas y saltos anticipan la desgracia. Si el gato montés permanece en la quietud, observando sin participar, el gato montés se aburre y el impulso cinético inesperado significará perjuicio. Si el gato montés se acerca sigiloso, atento y alerta, podrá beneficiarse del conocimiento y saciar su sed, siempre moderado y discreto, moviéndose con la seguridad de no dar un paso en falso.

El gato montés puede en un momento determinado extrañar lo imprevisible, pero demasiadas caídas y saltos anticipan la desgracia. El gato montés acepta la nostalgia, pero sigue sigiloso, atento y alerta.

Si el gato montés satisface sus deseos sin dominarlos previamente, el gato montés pierde.
Si el gato montés contradice sus deseos sin comprenderlos previamente, el gato montés pierde.
Si el gato montés domina sus deseos comprendiéndolos y es generoso con ellos cuando resulta conveniente, el gato montés permanece.
No hay forma de ganar.

1.28.2009

El Hermano Mayor es instintivo.
El Hermano Menor es sentimental.
El Árbol de las Tres Cabezas es racional.

No deben luchar entre sí, sino apoyarse.
Ninguno es más importante que el otro excepto en lo que respecta a la función que desempeñan en el conjunto.

El Hermano Mayor es la autoridad moral respecto a los instintos.
El Hermano Menor es la autoridad moral respecto a los sentimientos.
El Árbol de las Tres Cabezas es la autoridad moral respecto al razonamiento.

1.26.2009

Himno de guerra (II). Humus.

Debajo de montones de hojas
desparramadas por el suelo,
sobre humus y cadáveres,
murciélagos
se esconden, enfermos.

Podrían contagiarnos la rabia,
si nos dejáramos.
Tal vez sea necesario.

Mientras tanto seguimos riendo por no
llorar,
mientras tanto seguimos susurrando por no
gritar,
bailando ciegos y absortos,
la danza macabra del apego cobarde
a la comodidad.

Pintamos y soñamos
todo aquello que somos
incapaces de hacer tangible.

Las uñas
se separan
de la carne
y nuestros dedos
sangran,
sangran,
sangran.

Para recordarnos
que somos incapaces
de dejar de decepcionarnos.

Preferimos guardar
nuestros ojos arrancados
entre harapos
y sonreír
Y SONREÍR
con nuestras cuencas vacías
y nuestras caras desfiguradas.

Nunca hasta ahora
habíamos sido
tan conscientes de nuestra
negligencia.

Nunca hasta ahora
habíamos sido
tan cómplices
de nuestra extinción.

Himno de guerra (I). A paso decidido, entre pólvora y tambores.

Vivimos y morimos
entre pólvora y tambores,
sin olvidar
que no seremos recordados
por quienes fuimos
sino por lo que hicimos.

1.24.2009

*****
Las palabras pueden ser leídas por todos, así es el conocimiento. Todos pueden adquirirlo.

La intuición, en cambio, es innata e intransferible.
Si los ojos ven a través de los ojos, no habrá engaño posible y la maldad será demasiado evidente.
El ciego no verá el engaño, lo negará y será engañado una y otra vez. Lo negará. El ciego sólo ve una serie de sucesos inconexos que repercuten en su vida de forma inconveniente, y no disponiendo de las herramientas necesarias para comprenderlo, será víctima de forma crónica. Su propio verdugo.

Ciegos y mentirosos serán arrojados al fuego para alimentar a los que, sabios, permanecen intactos, siendo la intuición su mayor virtud.

La cuarta de las noches. Reflexión del Hermano Menor.


¿Cómo puede el músico tocar en público?
¿Acaso no le da vergüenza exponer su intimidad ante tanto inepto, patán e ignorante?

El Hermano Mayor exige Pureza.
El Hermano Mayor exige Sacrificio.
El Hermano Mayor exige Coherencia.

Con los suyos, de los suyos y para los suyos.

El Hermano Menor pide Fuerza.
El Hermano Menor pide Valentía.
El Hermano Menor pide Integridad.

Con los suyos, de los suyos y para los suyos.

Juntos, los Hermanos son impenetrables.
Juntos, los Hermanos son invulnerables.
Juntos, los Hermanos son terribles.

El Hermano Mayor gruñe.
Es la forma de llorar del Hermano Mayor.
El Hermano Menor mira al horizonte.
Es la forma de no llorar del Hermano Menor.

El Hermano Mayor y el Hermano Menor ya no llevan ventaja sobre los acontecimientos.
El Hermano Mayor y el Hermano Menor seguirán solos por más tiempo.
El Hermano Mayor ha perdido a su referente.
El Hermano Menor ha perdido a su referente.
El Hermano Mayor y el Hermano Mayor ya no tienen más hermanos.
El Hermano Mayor y el Hermano Menor sustituirán la pérdida.

1.17.2009

Cobardía. Cobardía. Cobardía.
Si temes romper algo con un simple movimiento, te haré girar como una peonza.
Cobardía. Cobardía. Cobardía.
Si temes la soledad y el abandono, te haré explotar junto a tu familia.
Cobardía. Cobardía. Cobardía.
Si temes la devastación, seré yo quien controle tus pasos.

¿Has visto algo que merezca la pena erguido y a dos patas?


Paciencia. Paciencia. Paciencia.
Debería estar muy enfadado porque me enervas.
Si son tus ojos azul cristal, probaré el diamante.

Paciencia. Paciencia. Paciencia.
Debería estar muy enfadado, porque me engañas.
Si son tus mentiras piadosas, probaré a sincerarme.

Paciencia. Paciencia. Paciencia.
Debería estar muy enfadado, porque me tranquilizas.
Si es por el bien de todos, me encargaré de llevar suficiente munición.

¿Has probado a dibujar tu rostro en la pared con sangre de otros?



De todo lo que representas soy la némesis, entiéndeme así. Será imposible tu existencia, porque me encargaré de que así sea. A rendirte tiendes, no me defraudes y hazlo ya. Desaparece de una vez o sufre, pedazo muerto de carne flácida. Aléjate de mí o aliméntame con tu sangre.

¿Acaso disfrutas siendo un cordero?



*****


La única luz es una antorcha que ya no ilumina en una oscuridad tan densa y una cabeza gira. Si la antorcha iluminara en esta oscuridad tan densa, vería la cabeza sus ojos en el agua. Es pura y mana de las grietas. Se pierde lejos y no es aprovechada. No es una tragedia.

No es una tragedia para el agua. El agua sólo tiene que manar. Es una tragedia para la cabeza. La cabeza tiene que beber y si no bebe, morirá. Los pasos resuenan en la cueva y el repicar del agua podría escucharse si los pasos se detuvieran, pero la cabeza tiene prisa. Demasiada sed.

Amanece y hay decepción.
Los ojos del Hermano Mayor posados sobre una piedra.
El Hermano Mayor quiere ser piedra.

Amanece y hay desconcierto.
Los ojos del Hermano Menor se cierran.
El Hermano Menor corriendo entre la hierba.

La ausencia del Árbol dolerá a sus frutos.
Los frutos se marchitarán y durará un día.
El cambium sobrecogido por tanta sombra.
Los niños peleándose.
La naturaleza de un hombre, que sigue sin cambiar.

1.16.2009

Sabiduría ancestral (II)



El sol en el este y un hombre camina.
Habrá comida en su mesa.
Los cepos nunca tienen prisa.

12.13.2008

Mirando de cerca es peculiar el insecto palo.
Mirando de lejos no será distinguido entre la maleza.
Mirando sin prestar una atención absoluta no puede ser encontrado.

El insecto palo no es un palo. El insecto palo es un insecto con forma de palo.
El insecto palo vive entre palos y ramas y entre palos y ramas está seguro.
Los depredadores lo identificarán si se aleja demasiado de palos y ramas y lo devorarán.
En todas partes hay depredadores para el insecto palo.

El insecto palo nunca será un palo.
Pareciendo un palo su vida será próspera y devorará a sus presas con tranquilidad.
Será él quien coma, y no será comido.

12.02.2008


Un sólo cuerpo, tres sombras.

El Hermano Mayor y su lengua bífida.
El Hermano Mayor y sus pupilas rasgadas.
El Hermano Mayor y sus escamas.

Tres cabezas, dos siluetas.

El Hermano Menor y su carne.
El Hermano Menor y sus huesos.
El Hermano Menor y sus ojos de azul hielo.



El Hermano Mayor y el Hermano Menor quieren la progenie.
El Hermano Mayor y el Hermano Menor desean la redención.
El Hermano Mayor y el Hermano Menor buscan la inocencia.

El Hermano Menor y el Hermano Mayor detestan sus cadenas.
El Hermano Menor y el Hermano Mayor desconocen la infancia.
El Hermano Menor y el Hermano Mayor desprecian su destino.

El Hermano Mayor es fuego que arrasa.
El Hermano Menor es aire que atraviesa.
El Árbol es la tierra.


¿Tendrá lugar el abrazo?
¿Trascenderán?
¿Llegará el niño algún día?

11.25.2008

Las hojas caen sobre la grava y el Hermano Mayor seguirá durmiendo.
No hay descanso para el Hermano Menor y su cara es gris.
La lechuza no cazará hoy y en su nido habrá hambre.
La lechuza no cazará hoy y el ratón volverá hoy a la madriguera.
El sol se pone y el Hermano Mayor seguirá durmiendo.
No hay consuelo para el Hermano Menor y sus fuerzas decaen.
La lechuza no cazará hoy y sólo observará atenta.
la lechuza no cazará hoy y la vida del ratón durará un día más.

Si la lechuza medita, la lechuza aprende.
Si la lechuza medita, el ratón confía.
Si el ratón confía, el ratón peligra.
Si el ratón peligra, el ratón desaparece.
No hay errores.

11.19.2008



*******
Hay un camino que lleva al Holocausto y es tranquilo. A los pies, cenizas, y a través del bosque, cuando ya no queden árboles, sólo esqueletos, la desolación.

Desierto donde nada nace y nada muere, porque el desierto no es hogar de nadie.
Algunos gritaron y otros gritan hoy al imaginarlo, pero en el desierto, no hay gritos.
Sólo silencio, maravilloso y limpio.
Si la naturaleza de un hombre pudiera cambiarse y hubiera un lugar donde hacerlo, sería sin duda éste.
Pero no es posible, porque aquí nada nace y nada muere.
Todo permanece, mecido por el viento.
Congelado en el tiempo, todo continúa.
No hay criatura autóctona entre montañas de cadáveres. No puede haberla porque no es posible.
De haberla, sería una aberración y su existencia, una tragedia.
Una catástrofe sin precedentes de la que nadie podría salir ileso.

No pasa nada. El cielo en blanco y negro y tréboles en todas partes, menos aquí.
El camino es tranquilo. Los pies serenos y entre cenizas, esqueletos.



El sol sale en alguna parte.
El Hermano Mayor se hunde entre hojas.
Pronto dormirá.

El sol sale en alguna parte y pronto el Hermano Mayor dormirá.
No hay Hermano Menor.
Ahora no.

No hay choque.
Se deslizan y golpean sin tensión.
Vivirán mucho tiempo juntos.

Porque no hay choque.
Se complementan.
La simbiosis.

Invierno.
Las ramas desnudas.
En el frío invierno.

Los niños distintos.
La noche estrellada.
Anhelan la disolución.

El sol siempre sale en alguna parte mientras todos duermen.
Un invierno traerá otro invierno y después otro.
Entonces la disolución vendrá.

El Hermano Menor calienta la piedra y afila los palos.
El Hermano Mayor ha cazado y trae la pieza en sus manos.
Todos comen.
La presa podría ser cualquier cosa.
Las cabezas miran la grasa en sus manos.
Todos comen.
El Hermano Menor mastica.
El Hermano Mayor mira en derredor.
No hay oponente.

11.18.2008

La tercera de las noches.

Hambre. Hambre. Hambre. Mi estómago ruge.
La voz es aguda y es irritante y me susurra para que olvide mi hambre.
Hambre. Hambre. Hambre. No puedo olvidar mi hambre.
El siseo de la serpiente resuena en mi cabeza y es agudo y es irritante.
Hambre. Hambre. Hambre. Una serpiente debería entenderlo.

El juez sólo observa.
Porque el juez no niega mis impulsos.
El juez no los condena.
Porque el juez entiende la necesidad de justicia.
El juez me comprende.


Sólo esa voz, aguda e irritante, ese siseo de serpiente, seguirá resonando para evitar que haga lo que tengo que hacer.
Y seguiré teniendo hambre, mientras ese zumbido siga dando vueltas a mis pensamientos y haciendo vibrar mis esperanzas.

Esperanzas de cambio.
Esperanzas de trascendencia.
Esperanzas de redención.


Hambre. Hambre. Hambre. Mis ojos fijos en alguna parte.
Afuera el silencio es absoluto y la calma irrepetible.
Hambre. Hambre. Hambre. El disfraz sobre mi piel escuece y debilita.
El viento mece las hojas y se acerca nuestra hora.
Hambre. Hambre. Hambre. Un nuevo amanecer sólo añadirá más peso a mi traje de mentiras si nada cambia.



HAMBRE. HAMBRE. HAMBRE.


Hay un momento entre el día y la noche en que nadie necesita un nombre.
Y ese momento es ahora.
Hay un momento entre el día y la noche en que nadie puede reconocernos.
Ni siquiera nosotros mismos.
Entonces la sinceridad aparece.
Contundente y siniestra.
Ese momento es ahora.
Es entonces cuando todos aquellos que son sensatos prefieren estar durmiendo.
Lejos de tanta verdad.
Lejos de tanta oscuridad.




11.16.2008


*******



Aquellos que no sabría nombrar, que viven entre las grietas de la tierra seca, ocultos en el fango o bajo cada piedra, no forman un conjunto armonioso.

Las casitas han sido construidas bajo raíces o en las cuencas oculares vacías de algún cadáver en descomposición.
Son cobijados por el nogal y el abedul, el sauce y el álamo, el pino y el ciprés, el roble y el haya.
Han aprendido como pocos que musgos y líquenes son comestibles.
Han aprendido como pocos que el peligro radica en dar por líquen lo que no es más que un hongo tóxico.

El conjunto que forman es heterogéneo.
En la cadena alimenticia tiene su lugar el ratón, así como la lechuza.
Prolifera la lechuza, entonces desaparece el ratón, y decae la lechuza.
El equilibrio se mantiene. Todo funciona a la perfección por sí sólo.

La luz es muy importante, porque afecta a ese conjunto heterogéneo.
Y aquellos que no sabría nombrar se diferencian entre sí cuanta más luz desprenden.
La luz enquistada no se marcha y el individuo la irradia.
Aquellos que no vieron la luz o que eran incapaces de sentirla, viven en la zona más oscura.
Desprenden oscuridad, pero ocasionalmente sus dientes brillan.

Un gran depredador caza a otro gran depredador en el bosque hoy.
El gran depredador caníbal se mueve por todo el bosque, de la luz a la oscuridad. Nadie lo nota.
El gran depredador caníbal se camufla entre aquellos pequeños de quienes no sabría nombrar.
Un curioso apetito lo mueve.


La segunda de las noches: Una hoguera junto al Hermano Menor


El fuego arde y derretirá las palabras que queden condensadas en el vaho, cuando la boca se abra. Caerán al suelo, pero no importa.
Las recogeremos.

No llueve hoy. La trayectoria de las gotas de agua no sigue el curso lógico de siempre, cielo-tierra, y la temperatura se mantiene. Avivaremos el fuego cuando empiece a descender.

Esta noche las huellas de una larga caminata han quedado impresas en el barro.
Mañana habrán desaparecido.
Tenemos apenas seis horas y trece minutos para aprovechar esta situación.
Permaneceremos alrededor de la hoguera porque es donde queremos estar.
Permaneceremos alrededor de la hoguera, del mismo modo en que nadie cruza Alaska en bermudas.
Permaneceremos alrededor de la hoguera y recordaremos cada una de las huellas.
Se congregará en torno a nosotros la muchedumbre maleducada y esquiva que nadie ha invitado.
Lidiaremos con eso también.

11.15.2008

El Hermano Menor y Julián conversan.
Sobre la dura piedra.
En la oscura noche.
La luna llena ilumina.
El Hermano Menor no quiere juzgarle.
Julián quiere ser juzgado y dice:

Sé quién soy, y lo que hago. Y en la búsqueda de contacto humano, me entrometo y revelo más de mi condición de lo que me parece correcto.

Ambos escuchan risitas y buscan su procedencia. ¿Quién ríe?
Quién si no.
Espinas y dientes afilados.
Sin ojos, sólo dos esferas de carbón.
No es una risa agradable.
No es alguien alegre.
Nadie está contento.
Y es entonces cuando habla el agujero sonriente.

Algunas veces me pregunto, ¿qué pasaría si todo lo que guardo dentro saliera un día a la luz?
Pero nunca lo sabré, y seguiré viviendo mi vida oculto. Mi supervivencia depende de ello.

Julián no sabe quién habla y el temor aparece.
Inquieto.

¿Dónde está el Hermano Menor?

Y es entonces cuando habla el agujero sonriente.

¿A quién buscas? No hay nadie aquí. Y sin embargo, oigo dientes castañatear. Todo tiembla a mi alrededor excepto la tierra bajo mis pies. Y con cada nueva palabra, setenta kilogramos de carne se estremecen en alguna parte, ante mí. Carne pálida. Poca fibra. Poco músculo. Carne inútil. Carne que se pudre entre mis brazos. Entre mis enormes brazos.

Julian se arrodilla y de sus ojos brotan gotas de agua salada.
Su voz se quiebra.

Preferiría no morir. No ahora, por favor.
Preferiría...

El Hermano Mayor es impaciente.
Con el Hermano Mayor no sirven súplicas.
Con el Hermano Mayor no sirven ruegos.
El Hermano Mayor no puede entender.
Y no entiende.
Pero actúa.




Y la luna llena se apaga.

11.13.2008

Sabiduría ancestral (I)

En la corteza del viejo árbol próspero.
Entre las barbas y los grandes brazos.
Los canguros nunca tienen prisa.






El Hermano Mayor dirá, y todos escucharán.
El Hermano Mayor protegerá, y no tolerará abuso alguno hacia los suyos.
Será fiero y su fiereza dañará a los suyos cuando haya traición. Y esto preocupará a todos, porque es fácil traicionar al Hermano Mayor.
Sólo siendo conocedor de sus límites, el Hermano Mayor acatará la Sagrada Tregua de la Década Segunda.

El Hermano Menor callará, y cuando hable, será amable, cauto y precavido.
El Hermano Menor observará y cuando dude o tema, acudirá al Hermano Mayor.
El Hermano Menor acariciará con palabras orejas vanas.
El Hermano Menor como una ciénaga que todos bordean sin mirarla, será bien tratado siempre que sea desde la distancia. Bajo el pecho del Hermano Menor no podrá oírse latido alguno.
La sutileza del Hermano Menor será útil, mas no le hará feliz ni tampoco hará felices a otros.
Su condición enfurecerá al Hermano Menor y será entonces cuando el Árbol hable.

Tres cabezas.
Tres cráneos horadados y quemados.
Tres piezas inseparables que formando un todo no dicen nada, y de las cuales poco zumo puede extraerse.

La primera de las noches

Durante la noche, el Hermano Mayor habla.

Soy como un tambor. Puedes tocarme y hacer que suene, pero no encontrarás nada bajo mi piel.

Durante la noche, el Hermano Menor habla.

Júzgame por mis actos o te equivocarás.
Si me juzgas por lo que crees saber sobre mí, te equivocarás.
Si de mi pecho nace el enorme pájaro de fuego, llenaré el hueco de orgullo.
Hasta hoy nada ha surgido de entre estas cenizas, excepto orgullo.
Ningún pájaro de fuego.

El Buque de los Necios